martes, 7 de julio de 2015

¿Qué será de Juan Mancilla Rogel?

¿Qué será de Juan Mancilla Rogel?
Publicado en la Revista de Marina Edición 3 / 2015

En la década de los años 80, los meses de enero y febrero eran tradicionalmente de mucho trabajo para las Barcazas de la Armada Nacional. Era la época de transbordos, los que se iniciaban inmediatamente después del Año Nuevo, prolongándose hasta la primera quincena de marzo, fecha en que todas las dotaciones de Reparticiones y Unidades debían estar completas, familias instaladas y niños matriculados para iniciar el año escolar. De esa manera se permitía que las festividades de fin de año se pasaran en los hogares de la localidad en donde se encontraba destinado el personal, y en un periodo de dos meses se producían todos los movimientos del caso.
La situación más compleja era el traslado desde la zona central a Punta Arenas y a las bases navales de Puerto Williams e Isla Dawson, requiriéndose una acabada coordinación de medios de transporte, en particular para las familias. Por lo general, el Marino Jefe de Hogar se iba al sur solo, para recibirse de su nuevo puesto y preparar la casa habitación que eventualmente le era asignada, o arrendar en caso que no hubiera disponibilidad y así recibir e instalar los enseres hogareños y posteriormente acomodar, en la mejor forma posible, a la familia. Normalmente el Marino se iba por buque, junto al contenedor con sus pertenencias. En el intertanto, su familia pasaba a vivir de “allegada” en casa de familiares o amigos, hasta que estuvieran las condiciones adecuadas para que señora e hijos se pudieran desplazar a su nuevo lugar de residencia.         
            En la segunda quincena de enero se programaba el primer “Charter”, denominación que se daba al vuelo de la aeronave de la Fuerza Aérea destinada a llevar a las familias del personal naval. Su coordinación no era menor. Comenzaba con informar a las familias de la hora del vuelo y los lugares de concentración para abordar los buses del Bienestar de la Armada, dispuestos para aquellos que no disponían de medios para llegar a Santiago. Una vez en el aeropuerto, para muchos la primera experiencia de volar, la entrega de equipaje (normalmente en mayor número que el dispuesto e informado), asignación de asientos y embarque final, constituía una suerte de pesadilla para los encargados del vuelo, que se terminaba una vez que el avión despegaba. De allí en adelante, el problema era de otros.
            Mientras tanto, en Punta Arenas, la organización de la Zona para recibir a las familias, dirigida por el Jefe del Departamento de Personal, desde muy temprano en la mañana comenzaban a revisar los medios y coordinaciones dispuestas. Los escasos medios aéreos para trasladar a las personas a Puerto Williams, debían efectuar hasta tres viajes ida y vuelta en el día, iniciándolos tan pronto el “Charter” aterrizaba. A la Isla Dawson, por su proximidad, el traslado era en el Transporte “Aguila” o en las Barcazas “Elicura” u “Orompello”. Buques, aviones, buses, furgones y automóviles movían a señoras y a sus hijos a diferentes destinos, en un día agotador, lleno de emociones, nuevas experiencias y por lo general, con el característico fuerte viento de zona austral, que les daba a los recién llegados, una muestra de la indomable naturaleza en la que vivirían en los próximos dos o tres años.
            Las tres barcazas Clase “Batral”, las LST “Rancagua”, “Maipo” y “Chacabuco”, más el Transporte “Aquiles”, todos construidos en los Astilleros de Asmar Talcahuano, transportaban a y desde Punta Arenas, Isla Dawson y Puerto Williams, los contenedores con los enseres del personal transbordado. El “Aquiles”, por sus capacidades, también llevaba pasajeros y las barcazas sólo lo hacían eventualmente dadas las pocas comodidades que poseían. Estos desplazamientos respondían al nombre de “Australes”. En el mes de noviembre comenzaba la planificación de los “Charter” y de los “Australes”, agregándosele un número conforme a la fecha en que estaba dispuesto su vuelo o zarpe.
-  “Me voy en el Austral 4 y mi familia en el charter 2”, - era un tipo de frase habitual en aquellos que se iban transbordados a la Tercera Zona Naval. 


            El 22 de enero de 1989, la LST “Rancagua” zarpaba de Punta Arenas para efectuar el “Austral 2”. El “meteo” para el Paso Tamar no era muy bueno: anunciaba viento de 50 nudos y olas de 2 a 3 metros. En esa ocasión, además de la carga, se había embarcado a algunas familias que iban a Puerto Montt. La navegación hasta el Paso Largo del Estrecho de Magallanes fue relativamente tranquila, pero a la altura del Golfo de Xaultegua ya se sentía con bastante intensidad la marejada del weste y el buque se comenzó a golpear. Las olas eran por la proa y la barcaza las tomaba en excelente forma. Sólo cuando el período era alterado se producían golpes que hacían vibrar el buque completo, cosa que ocurrió en pocas oportunidades. 
            A esa altura la gran mayoría de los pasajeros se había mareado. Afortunadamente eso se había previsto y se habían colocado bolsas y chutes por todas partes, por lo que el buque no se ensució mucho. A una señora le vino una baja de presión y se desmayó en dos oportunidades. En la enfermería logró recuperarse, para gran alivio del enfermero, que no le encontraba el pulso. Por ella supimos que tenía problemas de presión, y que había hecho presente su caso en la Zona Naval al momento en que le habían asignado su medio de transporte. En un principio y debido a su dolencia, la tenían considerada en el Transporte Aquiles, pero por falta de cupos la mandaron a la LST Rancagua.
            Para cruzar el Paso Tamar se continuó navegando hacia el weste para así poder caer a un rumbo con mar por la popa, con  lo que disminuyó bastante el movimiento, tanto cabeceo como balance, limitándose sólo a una pata antes de entrar al canal Smyth.
            Una vez en los canales la situación cambió y los pasajeros revivieron. El buque navegó los Pasos Shoal, Summer, Victoria y el Farquhar, continuando por
los Canales Sarmiento y Concepción, todos con malas condiciones meteorológicas, con fuerte viento y chubascos que afectaban y reducían la visibilidad.
            Durante la navegación del Canal Wide, se reguló el andar para llegar a la latitud de la Isla Crosstide a las 0700 hrs., permitiendo pasar la Angostura Inglesa a las 0930 hrs., hora de la estoa de baja, una de las condiciones que se recomienda para cruzar dicho paso, además de luz diurna y buena visibilidad. Las condiciones meteorológicas seguían malas. Lluvia y viento del NNW  26 nudos. La visibilidad era regular y habían muchas nubes bajas, las que ocasionalmente, por efectos térmicos, “siguen bajando” y se transforman en una densa neblina que impide ver la costa y la señalización marítima que señala los peligros a la navegación. Afortunadamente esto último no ocurrió.
            A la salida de la Angostura Inglesa, una vez pasada la Punta Hume, el buque esperó sobre las máquinas a la lancha de Carabineros que traía a la familia del Jefe del Retén de Puerto Edén, que necesitaba ser evacuada. Llevaban un buen tiempo esperando que pasara algún buque que los trasladara a Puerto Montt u otro lugar, ya que la señora del Suboficial tenía problemas de presión y requería tratamiento médico. Un accidente sufrido por el Roll On - Roll Off, que recalaba con alguna frecuencia a Puerto Eden y la consecuente suspensión de los viajes, los tenía absolutamente abandonados, siendo ese el único medio de comunicación regular que poseían los habitantes de ese aislado lugar. El requerimiento hecho por radio a la Barcaza de la Armada, mientras navegaba a la altura de ese pintoresco poblado, no podía ser desatendido.        
            La navegación en el Canal Messier, ancho y limpio, fue con escasa visibilidad y persistente lluvia. La preocupación era el cruce del Golfo de Penas, con esas señoras con problemas de presión y el estado calamitoso de algunos pasajeros. La Carta Canal no era muy alentadora. A las 0300 hora local mostraba un grupo de frentes desplazándose hacia el NE y una cuña de alta más al norte de la isla Guafo.
            Se navegó todo el día 24 de enero en el Océano y con las primeras luces del día 25 el buque ingresó al Canal Darwin. En canales había calma total y fue realmente agradable volver a entrar a aguas interiores y navegar con el mar como espejo. Ese día hubo sol y casi nada de viento, por lo que la navegación por el Canal Moraleda y Golfo de Corcovado fue extraordinariamente buena.
Después de navegar el Canal Apiao y el Golfo de Ancud, el buque se detiene a las 2330 hrs. y queda sobre las máquinas en el área de Pargua, lugar en donde se desembarca, por bote de goma, a unos transbordados y pasajeros que iban a Puerto Montt, en una maniobra expedita y rápida gracias a las excelentes condiciones meteorológicas y a que había luna llena. Se continua la navegación tomando el canal Chacao, teniendo en el radar la señal fuerte y clara del racón instalado en la Roca Remolinos, para posteriormente adoptar el rumbo recomendado para pasar entre la roca Topacio y el bajo Colo Colo, que se hace con las enfilaciones de la Isla Sebastiana.
Ya en mar abierto, la ola y el viento sur contribuyeron a aumentar el andar, recalando a Talcahuano, a las 0800 del día 27 de enero tomando sitio en el Molo 500. El buque permaneció en dicho puerto hasta pasado el mediodía, zarpando por la Boca Chica, al sur de la isla Quiriquina, con la intención de saludar al Almirante Young, cuya residencia se encuentra en la península de Tumbes. Como respuesta a los toques de pito y siguiendo una costumbre de a lo menos 40 años, una gran sábana fue desplegada para responder el saludo.
La navegación hasta Valparaíso fue tranquila, con muy buen tiempo  y con una larga ola del SW que permitía dar 1,5 nudos más. A la recalada a dicho puerto y antes de descargar, se le ordenó al buque efectuar faena de petróleo, abarloándose al  AO “Almirante Montt”, que se encontraba acoderado al Molo. Finalizada la maniobra la Barcaza, tomó el sitio “Foxtrot”, al fondo de la poza aproximando con proa al círculo que señala la bita 87 en la pared del Molo.
La permanencia en Valparaíso fue muy agitada, a excepción del fin de semana. Presentación a las Autoridades Navales y Comandantes de Buques llenaron la agenda del Comandante, mientras se procedía a descargar y cargar la Unidad, para regresar lo antes posible a Puerto Base con los transbordados y sus enseres. Contenedores, baúles, maletas y “encargos”, en particular fruta y verduras, estos últimos bienes escasos y caros en Punta Arenas. La falla de una de las Barcazas y un  posible problema en el Transporte “Aquiles” hacía pensar en el buque debería reemplazar a una de esas Unidades en un segundo desplazamiento desde Punta Arenas al norte una vez finalizado este.
            La estada en Valparaíso fue provechosa en todo sentido. Se efectuaron todas las faenas pendientes y el personal residente en la 5ª Región pudo ir a ver a sus familiares. El zarpe de regreso se fijó para el miércoles 01 de febrero al mediodía.
            Una vez largado del sitio Foxtrot y efectuados los honores de pito a las Unidades más antiguas, el buque navegó el track próximo a costa el tradicional “paseo naval” hasta Reñaca, cuidando de pasar claro del Bajo Ester de 7 metros, ubicado frente a la Caleta Placeres.
            La navegación a Talcahuano fue con una persistente marejada del SW, con olas de 2 a 3 metros que golpearon y movieron al buque, reduciendo su andar, hasta entrar en la Bahía de Concepción. El buque atracó al Molo 500 y de inmediato se inició la faena de carga y descarga.
            El zarpe al sur fue el día 03 de febrero por la Boca Chica, y desde ese momento y hasta que se ingresó al canal Chacao, el buque sufrió los efectos de la misma marejada entre Valparaíso y Talcahuano, pero en sentido inverso. Pese al movimiento y oleaje, en general el buque soportó muy bien las condiciones de navegación, dando un promedio de 11,5 nudos. Se recala al Canal Chacao a las 1300 hrs. siendo el 2º Comandante quien tomó el control del buque, asesorado en la navegación por el Piloto. La pasada cerca de la Roca Remolinos fue impresionante, por cuanto había mucha corriente en contra y por sus efectos, se forman grandes remolinos en las proximidades de la roca que hace honor a su nombre. A continuación se navegaron los Pasos Corvio, Quihua y Quena, para después salir al Seno de Reloncaví vía el Paso Tautil. Llamó la atención la ciudad de Calbuco por su gran extensión. Se apreció movimiento y progreso, lo que es bueno.
            La recalada a Puerto Montt fue el 04 de febrero a las 1750 hrs. atracando al sitio 1. La entrada está bien balizada y el único problema es que en la isla Tenglo  se forma una playa que es muy popular y hay botes que se cruzan y gente que nada de un lado a otro del canalizo de entrada para los buques. Hubo necesidad de tocar varios pitazos para mantener a la gente y botes alejados.
            La descarga y carga se hizo muy rápido, permaneciendo el buque en puerto hasta el día siguiente, lo que permitió a la dotación aprovechar de conocer esta linda zona. En la mañana del día 05 recaló el “Queen Elizabeth II”, transatlántico que participó en la campaña de las Falklands transportado tropas. Además, ese día culminaba la regata “Circuito Islas de Chiloé”, en su primera versión, con la participación de 50 yates. Tanto los yates como el “Queen Elizabeth” y con la suerte de un día con sol y absolutamente despejado, fueron un lindo espectáculo para los turistas de ese gran transatlántico.
            A las 1500 hrs. el buque zarpa rumbo al sur, en medio de numerosos yates que ingresaban al Canal Tenglo, para a continuación navegar el Seno de Reloncaví,  Golfo de Ancud y Golfo de Corcovado, con mar como espejo que continuó así hasta entrar al canal Moraleda, permitiendo desarrollar un andar próximo a los 14 nudos. Dadas las condiciones meteorológicas y la hora, se decide  navegar los canales Chacabuco y Pulluche, siendo este último uno de los canales más atractivos de la zona sur. Su navegación no reviste mayor dificultad dado que es limpio y profundo.
            Desde aguas interiores se accede al océano por la Bahía Anna Pink y se continua al sur bordeando la Península de Taitao, en donde se encuentra Cabo Raper, faro que señala la parte norte del temido Golfo de Penas, que en esta ocasión se presentó benévolo para los navegantes, con mar  por la amura que provocó un poco de movimiento, pero en la pata al SE en demanda del Canal Messier la situación fue bien aceptable.
            Se ingresó a aguas protegidas el día 08 de febrero pasada la medianoche, debiéndose regular el andar para llegar a la Angostura Inglesa a las 0815 hrs., 25 minutos antes de la estoa de baja que era a las 0840 hrs. La corriente de norte a sur se dejó sentir, aumentando el andar a 14,5 nudos con media potencia de máquinas.
            Pasados los bajos Mindfull y Zealous, bajo el control del Oficial de Guardia, se prosigue la navegación en demanda de Puerto Edén, en donde el buque debía entregar petróleo al YON ex DD “Blanco Encalada”, que abastecía a la Capitanía de Puerto. Atracado el buque e iniciada la faena de combustible, aparecieron los pobladores de Puerto Edén con sus típicos productos: centollas, cholgas ahumadas y almejas. El Maestre de Víveres cambió una sandía por un saco de cholgas y verduras y frutas por centollas y mariscos.


Recorriendo el poblado, Puerto Edén resulta pintoresco y da la impresión que la gente vive contenta. Hay bastante trueque con los buques que pasan y al parecer un buen número de ellos aprovecha de comprar mariscos, fondeando en el canal Messier. Ese fue el caso del mercante argentino “Formosa”, que venía por la popa.
            Estando el buque listo para zarpar a Punta Arenas, el 2º Comandante aparece en la cámara del Comandante y golpeando la puerta le informa: “mi Comandante. Tenemos un problema. Recién llegó un matrimonio que solicita ayuda y atención médica para su hijo, que lleva tres días enfermo”. La criatura era una guagua de 1 mes y 12 días.
            Aparte de un enfermero de cargo, calificado y preparado para atender primeros auxilios, el buque no contaba con otros medios. Entre el personal transbordado, venían dos Sargentos enfermeros, a quienes el Comandante dispuso, junto con el enfermero del buque, efectuar una “junta médica”, evaluar la situación y recomendar cursos de acción.
            Al cabo de un tiempo, el más antiguo de los enfermeros entregó el diagnóstico: una hernia escrotal atascada, bronquitis aguda, conjuntivitis y deshidratación. La guagua estaba mal. Vomitaba bilis y no aceptaba el pecho de su madre. El único curso de acción aceptable era la evacuación a Punta Arenas para someterla a cirugía y estabilizarla lo mejor que se pudiera con los medios disponibles a bordo, que no eran precisamente para niños. Dejarla en Puerto Eden era condenarla a muerte.
            El Comandante consulta respecto a la posibilidad que la guagua muriese en el trayecto de 36 horas a Punta Arenas. Podía ocurrir, pero al menos se habría intentado salvarla.
Había algunos temas que resolver: no se contaba con los medios (agujas para niños) para inyectar suero al enfermo o medicamentos adecuados para estabilizarlo; no había tiempo para ir en busca de los elementos propios de un recién nacido ni de ropa, tanto para la guagua como para la madre, y de los enseres mínimos necesarios para una estadía de a lo menos un par de semanas en Punta Arenas.   
Definitivamente era un gran riesgo. Que una criatura muriera a bordo era propio de episodios de buques a vela y no de estos tiempos. La soledad del mando. El Comandante decide y asume la responsabilidad. No hay vacilación: la guagua junto a su madre se embarcan. El padre está desconcertado y la madre lo mira buscando su aprobación. Es su único hijo hombre después de cinco mujeres.   
Así fue como Uberlinda Rogel Barría y su hijo Juan Mancilla pasaron a integrar la lista de pasajeros de la LST “Rancagua”. Dada su delicada condición, se le asigna un camarote en el sector de Oficiales. El Subteniente que lo ocupa aclara y dobla bancada con otro Oficial. Los enfermeros se organizan en turnos de guardia y el enfermero del buque, timonel de una de las guardias en la mar, debe ser reemplazado. No se requiere informar a la dotación ni a los pasajeros de la situación ni de la decisión tomada. Ya la saben.
Los enfermeros toman el control. Aparecen agujas y remedios para niños - uno de los enfermeros tenía su propio botiquín de Primeros Auxilios -  a “todo evento”. Los pasajeros abren maletas y proveen de pañales, ropa de guagua, elementos de aseo, mamaderas y alimentos si es necesario. La madre recibe ropa y todo lo indispensable para su aseo personal, incluyendo sábanas y toallas. Parte del vestuario y equipamiento familiar o de los encargos, iban a tener un inesperado destino.
Un par de horas después del zarpe, Juan ha sido bañado, está con ropa limpia, conectado con suero y con una sonda gástrica para aspirarle el estómago ya que lo tenía distendido, e iniciaba un tratamiento con penicilina para atacar su bronquitis. Pero su situación era de cuidado. Las siguientes 36 horas, tiempo necesario para llegar a Punta Arenas serían críticas. La madre contemplaba todo resignada, y su cara evidenciaba una gratitud que no podía expresar con palabras.
La Tercera Zona Naval es informada oficialmente de lo obrado, y se le solicita efectuar las coordinaciones con el Hospital Regional de Punta Arenas para tener una ambulancia en el muelle a la recalada del buque. Con el buque dando su máximo andar, se navega el Paso del Indio, Paso del Abismo, canales Wide, Inocentes y Sarmiento, Pasos Summer y Shoal, ingresando al Estrecho de Magallanes en la singladura final a Punta Arenas.
La guardia en el puente concentra la información respecto al estado de Juan. Su temperatura y evolución son parte de las novedades que se entregan y que se propagan por toda la dotación y pasajeros. La gran mayoría son padres; sienten y hacen propia la tensión y angustia de la madre. Afortunadamente el estado de la criatura no empeoró y se mantuvo bajo control. Pero aún no aceptaba el pecho, que al decir de uno de los Enfermeros, sería evidencia de una evolución positiva. Su aseveración fue clara y sin rodeos. “ Mi Comandante: cuando la guagua quiera la teta, estamos al otro lado·”. La distancia a Punta Arenas se acortaba y en pocas horas la guagua sería desembarcada y trasladada al Hospital. 
“A su recalada, manténgase fondeado a la gira en espera de sitio de atraque, tentativamente disponible 24 horas después”.
El escueto Mensaje Naval no podía ser más inoportuno. Se requería desembarcar a Juan lo antes posible. El muelle de Punta Arenas estaba absolutamente copado con buques de carga y de pasajeros, no existiendo posibilidad alguna de atracar a la recalada. Tampoco era factible abarloarse a uno de los buques en el muelle. Se descartaba la aero- evacuación por helicóptero ya que estos estaban en Puerto Williams.
El único curso de acción era continuar a Puerto Harris, en la Isla Dawson, en donde había un médico y estaba el aeródromo Von Schroeders. Con ello se lograba obtener un diagnóstico más completo del enfermo y la posibilidad de evacuarlo por avión.
El buque cambia su derrota y se dirige al muelle de la Base Naval en la isla Dawson, en donde el médico examina al paciente, concuerda con todos los procedimientos que se le aplicaron y recomienda la evacuación vía aérea a Punta Arenas. No fue necesario pedir el avión. Ya venía en vuelo.
Juan y su madre fueron desembarcados en Puerto Harris. La dotación y pasajeros los despidieron emotivamente. Un vehículo los llevó al aeródromo distante 30 kilómetros al norte, en donde un avión CASA 212, con los motores en marcha los esperaba. El buque zarpó y mientras navegaba en demanda del Paso Boquerón, se divisó al avión que se dirigía al aeropuerto Carlos Ibañez. Juan estaba a pocas horas de recibir el tratamiento médico que requería.
Pocos días después se supo que Juan había sido operado y estaba en franca recuperación. El buque zarpó en comisión al Cabo de Hornos y se perdió el contacto. Nunca más se tuvo noticias de él ni de su madre.

Por ello que ahora, como Práctico de Canales, cada vez que paso frente a Puerto Eden, me pregunto: ¿qué será de Juan Mancilla Rogel?   

jueves, 25 de diciembre de 2014

Reconociendo al Otro: una mirada naval al pueblo mapuche.
(Publicado en la Revista de Marina Edición Nº 6/ 2014) 

Introducción
La situación que se vive en la región de la Araucanía adquiere cada día más protagonismo en los medios de comunicación, fundamentalmente por los frecuentes hechos de violencia que suceden con una periodicidad indeseada. No es una situación nueva. En las últimas décadas se han intentado variados esfuerzos para encontrar soluciones a las disímiles y variadas demandas que hacen los pobladores de esa región, problemas cuyos orígenes bien se pueden encontrar en la época colonial de nuestro país.
No es el propósito de este trabajo describir o analizar los temas que son fuentes de conflicto, sus orígenes, y menos proponer soluciones. La intención es rescatar y dar a conocer los vínculos que han existido entre una de las Instituciones de la Defensa Nacional, como es la Armada, con el pueblo mapuche.
 A primera vista, pareciera ser que esa relación no fuera posible, en atención al quehacer ligado al mar que identifica a la Institución Naval, enfrentado al territorio de la Araucanía que, además de ser eminentemente agrícola, forestal y ganadero, no posee en su costa puertos significativos o apropiados capaces de recibir naves de tonelaje superior al de un pesquero mediano. Agreguemos que el pueblo mapuche no ha sido un pueblo vinculado al mar, a excepción de un grupo de ellos, los lafkenches, que ha dedicado parte de su actividad de sustento a la recolección de algas y especies marinas, pero siempre en y desde la costa.              
En relación al título de este trabajo, es necesario especificar el vocablo “Otro”. En efecto, “El Otro y lo Otro” son términos usados en las Ciencias Sociales para señalar la alteridad, diferencia, o no pertenencia. Su significado tiene diversas interpretaciones, según sea la perspectiva o el ámbito del conocimiento en que se utiliza. Se relaciona con la identidad de la persona, pudiéndose hacer extensivo a una comunidad, sociedad o país. Los términos provienen del psicoanálisis y han sido adoptados, entre otras disciplinas, por la filosofía y la antropología. Para efectos de este trabajo, se considerará al “Otro” y “lo Otro”, como todo aquello que “yo no soy”, “no me identifico” o  “no pertenezco”. 
Un reconocimiento histórico
            Pese la escasa vinculación del territorio de la Araucanía con la Armada, la historia registra una significativa presencia mapuche en la denominación de unidades navales, tanto de combate como auxiliares. Esa presencia se remonta a la primera unidad de guerra que integró la lista naval, cuando en 1818, José Alvarez Condarco compra la fragata “Windham” y se le denomina “Lautaro”. Desde ese entonces, han sido numerosos los buques que han surcado el litoral chileno llevando los nombres que recuerdan a distinguidos integrantes de la etnia mapuche, tales como Galvarino, Caupolicán, Tucapel, Janequeo, Elicura, Orompello, Leucotón y Lientur. Especial mención se debe hacer a los submarinos clase “H”, Guale, Rucumilla, Guacolda, Tegualda, Fresia y Quidora, todos nombres de mujeres araucanas, y algunos de ellos legados a las Lanchas Torpederas que por más de 30 años, defendieron la soberanía chilena en el canal Beagle y aguas adyacentes.
                                 
Torpedera Fresia
En este último caso, los nombres no fueron adjudicados por casualidad: representaban un espíritu que era necesario recordar, hacer propio y proyectar a los posibles adversarios de ese entonces.
Muchos fueron los marinos que sirvieron a bordo de las Torpederas Guacolda, Fresia, Quidora y Tegualda, y con orgullo lucieron la insignia que los identificaba como “torpederos”  miembros de esa Fuerza que era, precisamente, un torpedo cruzado por cuatro lanzas mapuches.
En el contexto anterior, el nombre “Araucano” siempre lo ha ostentado una de las más significativas unidades de la Armada de Chile. La primera que portó ese nombre fue un bergantín español capturado en 1817. La segunda unidad con ese nombre formó parte de la Primera Escuadra Nacional, e integró la Expedición Libertadora del Perú.  Quien porta ese nombre en la actualidad es un petrolero de Escuadra, una de las unidades de mayor tonelaje en servicio. Anteriormente, fue otro petrolero y un buque madre de submarinos, ambos de dilatado servicio en la Institución.

BMS Araucano
Desde el punto de vista de la etnología, el bautizar a las unidades de la Armada con nombres mapuches constituye una “apropiación cultural”, por cuanto se pretende proyectar una determinada característica, en este caso la de una etnia, a la dotación de una unidad naval conformada por personas no pertenecientes en su totalidad, al grupo aludido.
En efecto; la gallardía, soberbia, belicosidad y el espíritu indómito del pueblo mapuche ha sido reconocido desde larga data, cantado por Alonso de Ercilla en su poema épico “La Araucana”, y adoptado como modelo e inspiración formativo. Una prueba de ello es la denominación del trofeo “Caupolicán”, que tanto en la Escuela Naval como en la Escuela de Grumetes y en el Buque Escuela Esmeralda, era otorgado al grupo que más se destacaba en deportes. Dicha denominación, que recuerda a un destacado cacique araucano, es una manera de reconocer a una cultura, que, como se ha visto, no es ajena a la institución naval.
Siempre en el ámbito formativo, en las primeras etapas de la instrucción básica que se daba a quienes se incorporaban a la Armada, se exigía conocer el nombre de las unidades navales y sus características, lo que implícitamente llevaba la obligación de conocer los hechos al que estaban asociados, por lo que las hazañas y cualidades de los personajes históricos mapuches han formado parte, desde temprana edad, del acervo cultural de todos los marinos chilenos. 

El personal mapuche en la Armada
            Otro aspecto de singular importancia, es la presencia de personal de origen mapuche en la filas de la Armada. Esta situación no deja de ser interesante y es extensiva a toda etnia reconocida por el Estado chileno (1), por cuanto revela un hecho que, desde el punto de vista de la integración, es destacable, mientras que desde una visión cultural no lo es, aún cuando esta última tiene una explicación considerando los procesos de formación militar.
Analizando el tema de la integración, en la Institución Naval el origen étnico de una persona nunca fue un foco de preocupación particular, lo que indica que pasaban a conformar la dotación de los buques y establecimientos de la Institución independientemente de su apellido, lugar de origen u otra caracterización.
Ocasionalmente, a lo más interesaba el lugar de origen, pero con el propósito de eximirlo de guardia o dejarlo con días libres cuando el buque recalaba a un puerto próximo a su hogar. Era el típico caso de los “chilotes” y era mejor aún si el buque permanecía algunos días, ya que las atenciones de la familia y amistades se hacían extensivas a parte de la dotación.
Siempre desde el punto de vista de la integración, llama la atención, positivamente, que no se llevaba registro ni dato estadístico alguno del origen geográfico, o de la etnia de las dotaciones en las Unidades o Reparticiones. Definitivamente, nunca fue un tema de preocupación. La única referencia puntual y circunstancial del origen geográfico de una determinada persona y que no se asimilaba a su origen étnico, era por actuaciones, tanto positivas como negativas, hecho aplicable a todos los integrantes de una dotación. Las referencias eran alusivas a “que es del campo”, “iquiqueño” “huaso”, “chilote”, “mapuche” “chumango”, “paitoco”, “alemanote”, etc. Lo anterior era válido tanto para los Oficiales como para el personal de Gente de Mar. 
            Lo ya aseverado, como se indicó, revela una falta de interés por los aspectos culturales de las etnias originarias en nuestro país, posición y actitud que es común a la gran mayoría de la población chilena, que incluye el desinterés de una etnia por la otra. Razones pueden haber muchas, comenzando por la permanente mirada que se ha tenido hacia la cultura y modelos provenientes de Europa y Norteamérica, a lo que podemos agregar, entre otros motivos, el esplendor de otras culturas americanas, expresado en construcciones y monumentos que han sobrevivido al paso del tiempo y han sido reconocidos mundialmente. De las etnias originarias chilenas, la cultura rapanui, es la excepción.
En relación a los mapuches, comenzando por Alonso de Ercilla y los trabajos posteriores efectuados por investigadores, artistas e historiadores, para destacar la totalidad de las cualidades y características que son propias a esa cultura, no han sido masivamente difundidos ni reconocidos, pero aquellas que demostraron en su lucha contra el dominio español, tales como la gallardía, soberbia, belicosidad, espíritu indómito y otras por las cuales muchos chilenos se identifican con orgullo, no son menores, y han contribuido a forjar la identidad nacional.
Sin duda que hay otras expresiones, tales como la música, espiritualidad, medicina y una cosmovisión mapuche, que ameritan ser conocidas y “reconocidas”. Recién en estos últimos años han aparecido publicaciones que dan cuenta de aspectos de la cultura aludida, que no se ha divulgado en forma masiva y que, de haberse hecho, muchos problemas actuales habrían sido ya superados. Si no se hizo en su oportunidad, es una responsabilidad que recae tanto en los poseedores de esa cultura que no supieron o no pudieron divulgarla, como en quienes debimos interesarnos en ella. Razones para lo uno o lo otro pueden haber muchas, pero pertenecen al pasado, lo que no significa que se enmiende lo que en su oportunidad no se hizo o se ignoró. 
              
                                                Patrullero Lautaro

El Otro en el proceso de la formación naval-militar
Anteriormente se mencionó que el origen o la etnia de una persona nunca fue foco de atención en la Institución. En efecto, desde el ingreso de una persona a una Escuela Matriz y durante toda su formación inicial militar básica, que dura del orden de tres meses, para los Instructores, aparentemente, “El Otro”, es decir la identidad del instruido, no tiene ninguna importancia. Origen, etnia, nombre u otra característica propia, pasaban a un segundo plano frente a la necesidad de conseguir que un grupo de personas sin muchas cosas en común, se identificaran y agruparan en torno a la identidad (“ethos”) institucional.
A lo anterior se debe agregar que la formación militar se lleva a cabo en torno a dos conceptos rectores: el espíritu de sacrificio y el de servicio a la Patria. En toda actividad, ambos conceptos, en particular el segundo nombrado, conllevan el supeditar el interés individual al interés colectivo o de “El Otro”, lo que implícitamente contribuye a “despersonalizar” los actos ejecutados.
Nombres, fenotipos, origen, u otra característica personal, no tienen mayor importancia frente a los logros o fracasos de una escuadra, sección, compañía, repartición o unidad. De esa manera, las capacidades, falencias, cualidades y defectos individuales se potenciaban o se disminuían en un proceso que, sin duda, tenía como resultado una homogenización que implicaba el crecimiento y desarrollo de cada individuo al nutrirse, por imitación u obligación, de los aspectos positivos de “El Otro”, al mismo tiempo que tendía a modificar o eliminar conductas no coherentes o inaceptables en la Institución.
         
La cultura mapuche y la identidad nacional.
La conformación de la población chilena, al igual que la mayoría, sino todos los países del Nuevo Mundo, presenta la característica de la fusión de pueblos nativos u originarios, con inmigraciones provenientes mayoritariamente de Europa y del Medio Oriente. Sin duda que en Chile la más importante fue la española, que con su presencia dominó el escenario hasta mediados del siglo XIX, para posteriormente incorporarse al desarrollo de la Nación, entre otros, ciudadanos alemanes, ingleses, franceses, croatas, italianos y palestinos, todos ellos contribuyendo con su cultura, tecnología y conocimientos.
Es innegable que la cultura europea, apoyada en sus conocimientos científicos y tecnológicos, se impuso como modelo preponderante frente a los procedimientos “arcaicos y primitivos” de los pueblos originarios. Lo anterior, unido a un proceso de evangelización que no admitía “competencia”, contribuyó a ignorar y desconocer la concepción que tiene el pueblo mapuche del Universo, de la naturaleza, y las fuerzas que la controlan, además del lugar que le corresponde y ocupa el ser humano en la creación.
Posiblemente lo expresado en el párrafo anterior permite dar una clave para entender las demandas de una parte del pueblo mapuche ya que, como lo expresa Díaz Fernández: “Mientras menos se conoce a una persona o a un grupo humano con el cual se convive, mayores son los prejuicios que sobre ellos se pueden concebir y mayor es la violencia que se puede desatar. Negarse a conocer al Otro, su vida, sus intereses, sus esperanzas, es negarse a reconocer su dignidad y sus derechos como persona o como comunidad humana”. (Obra citada en la bibliografía, página 15).
Se desconoce con precisión desde cuando el pueblo mapuche habita en el continente sudamericano pero, sin duda, es muy anterior a la llegada del conquistador e inmigrante europeo. El contacto íntimo con el entorno en donde desarrolló su vida, la observación de los fenómenos naturales y sus hábitos de subsistencia, generaron una cosmovisión que se manifiesta en su profundo conocimiento de la tierra, de la flora y fauna, en sus costumbres y tradiciones, que difieren de las correspondientes a las culturas provenientes del Viejo Mundo.
Estas diferencias son múltiples y quizás la que mejor las grafica, es el hecho que “mientras el europeo modifica y adapta el entorno natural a sus necesidades”, el mapuche “se adapta a él”. Evidencia de esta realidad, es la reiterada observación que se hace en el sentido que “las tierras que ocupan los mapuches no son explotadas eficientemente”. Un enfoque productivo enfrentado a uno de subsistencia.
Resulta útil destacar que el término “mapuche” identifica en forma genérica a cinco grupos diferenciados según el territorio que ocupan: los lafkenches (gente del mar), williches (gente del sur), los pewenches (gente del “pewen”, ubicados al este), los pikunches (gente del norte), y los mapuches, el grupo central y más numeroso. Entre ellos existen sutiles diferencias en hábitos y costumbres que son consecuencia del entorno en donde viven, que refrenda su adaptación al medio.  
Pese a la centenaria actividad evangelizadora de la Iglesia, la presencia de larga data de inmigrantes de origen europeo en la región de la Araucanía, y la asimilación de una gran parte de la población de origen mapuche a las normas, costumbres y tradiciones que identifican a los chilenos, persiste con fuerza una identidad propia del pueblo mapuche que se manifiesta en rituales y ceremonias que reflejan una cosmovisión que liga indisolublemente al hombre con medio ambiente, haciéndolo parte de él. Definitivamente es una visión diferente, y única.
Díaz Fernández, en su obra ya referida, expresa: “El contraste se produce al participar de los ritos sagrados mapuche. Allí se toma conciencia de que se está en un escenario absolutamente diferente. Para participar hay que ser convidado. Existen claras barreras históricas y culturales que sólo se cruzan a partir del establecimiento de relaciones personales con miembros de las comunidades. En general los ritos se celebran sólo entre mapuche”. (Página 10)(2)
                            
                                                        Petrolero Araucano
Conclusiones
            El vínculo de la Armada con el pueblo mapuche se remonta al origen mismo de la Institución, en la forma de reconocimiento a cualidades y características propias de esa etnia, cuyos personajes históricos han dado el nombre a numerosas unidades navales y han sido modelo formativo para los marinos chilenos por casi doscientos años.
En la Armada de Chile, la integración y participación de ciudadanos de origen mapuche es de larga data. No existen datos estadísticos de su grado de presencia o desempeño en la Institución, reflejando que el origen étnico no ha sido un factor a considerar en actividad alguna. Se estima que la ausencia de una norma en ese sentido ha sido absolutamente positiva, y que debería continuar así.
Al igual que la gran mayoría de la población chilena, entre los miembros de la Armada no ha existido mayor interés por las culturas originarias del país. 
El pueblo mapuche posee una cosmovisión propia fundada en su profundo conocimiento del medio ambiente en que vive. Su vinculación con la tierra obedece a una concepción que integra al hombre y a los elementos en un mismo nivel de importancia.
La identidad chilena se vería fortalecida y enriquecida con la incorporación y difusión de la cultura de los pueblos originarios, en particular el mapuche, toda vez que contribuirían, entre otros aspectos, a un mayor conocimiento y utilización de las especies autóctonas, del medio ambiente y de la particular visión del Universo desde nuestra austral posición geográfica.    
Notas
(1) El Estado de Chile reconoce ocho etnias originarias: aimara, rapanui, kawashkar, atacameña, colla, quechua, yagán y mapuche.  
(2) El autor tuvo la oportunidad de vivir esa experiencia. Jorge Lautaro Huilcaleo, distinguido Suboficial Mayor de la Armada, especialista en Artillería y de legendaria trayectoria como Apuntador de Misiles antiaéreos Seacat, tuvo la gentileza de invitarlo a Rucayeco, localidad próxima a Lumaco, y  participar en el “lakutun” de su nieto Leftxarhu (Lautaro) Kim, ceremonia en la que el abuelo le traspasa el nombre, dotándolo y fortaleciéndolo espiritualmente.   

Bibliografía.
1.- Díaz Fernández José Fernando. Misión y pueblo mapuche. Lectura crítica desde un horizonte no sacrificial. Ediciones Universidad Católica de Temuco. 1ª Edición Diciembre 2012
2.- Grebe Vicuña María Ester. Culturas indígenas de Chile. Pehuén Editores. Quinta Edición. Santiago. Marzo 2010
3.- Pozo Gabriel y Margarita Caneo. Wenumapu. Astronomía y cosmología mapuche. Santiago. Ocho Libros Editores. 2014 1ª Edición.
4.- Vio Valdivieso Horacio. Manual de Historia Naval de Chile. Imprenta de la Armada. Valparaíso. 1972  

Daniel Arellano Walbaum
Magíster en Etnopsicología PUCV


jueves, 28 de agosto de 2014

El 11 de septiembre en Chile: una mirada desde el inconsciente colectivo.

El 11 de septiembre en Chile: una mirada desde el inconsciente colectivo.

A pocos días del 11 de septiembre, nos preparamos nuevamente para que los medios de comunicación saturen los espacios de “noticias” y “reportajes” con hechos ocurridos con posterioridad a la fecha mencionada correspondiente al año 1973.  Nada nuevo. Se sabe con mucha anticipación que esto ocurrirá.
 Esta situación, propia de esta fecha en las últimas décadas, no deja de llamar la atención por la insistencia de su repetición ante una sociedad que parece ser inmune a esa “realidad” y que, majaderamente, se muestra sin importar su contexto histórico o veracidad. Pareciera ser que el efecto perseguido - el desprestigio del Gobierno Militar - no ha sido posible de conseguir, pese a la persistente ofensiva de comunicación desplegada desde larga data, principalmente por la televisión y la prensa escrita.
En ese mismo contexto, hay que agregar la exclusiva persecución judicial a miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden, en tanto que delincuentes, subversivos, terroristas y asesinos de militares y policías son indultados, amnistiados o protegidos, siendo que muchos de ellos fueron protagonistas de hechos ocurridos con posterioridad al 11 de septiembre de 1973.
 La insistencia en repetir y concentrarse en sólo algunos hechos de la historia reciente con posterioridad a septiembre de 1973, complementada por una clara parcialidad en la aplicación de la justicia, obliga a buscar las causas más allá de la razón, por cuanto es difícil entender esa tenaz persistencia en intentar influir en la opinión de una sociedad que está cada día más alejada de la participación política.
Quizás una mirada desde el inconsciente nos podría dar una luz sobre las motivaciones por las que, medios de comunicación, y grupos interesados de personas, insisten en promover y mantener un ambiente de odio y confrontación que mantiene estancados y amarrados al pasado a algunos ciudadanos del país cuya mayoría, claramente, desea intentan mejorar sus condiciones y calidad de vida.
El inconsciente es una parte constitutiva de la psique del hombre. Su existencia fue enunciada por Freud, estudiada por Jung y complementada y desarrollada, entre otros, por Lacan, y recientemente por Castoriadis. El inconsciente humano da cuenta de actos que no tienen explicación racional o consciente; de allí que es difícil encontrar respuestas a sus manifestaciones, ya que normalmente escapan al mundo que denominamos como real, y menos a la relación causa – efecto.
El inconsciente se presenta de una manera extremadamente compleja. Quizás un ejemplo ayudará a entender su participación en las relaciones humanas: El ser humano generalmente actúa conforme a lo que quiere ser, y no lo que realmente es. Lo que el ser humano es, normalmente lo oculta y lo ve en otra persona. “Si yo soy flojo, conscientemente voy a ser trabajador y voy a detestar a los flojos”.
Lo anterior es una simplificación extrema, pero con ello se pretende llamar la atención sobre la relación entre consciente e inconsciente. “Lo que realmente Soy lo oculto, y lo veo en el Otro. Eso me justifica y lo que es más importante, tranquiliza mi conciencia”.
El inconsciente también existe a nivel colectivo, no siendo la simple la suma del inconsciente individual de los sujetos que componen una sociedad.
Se entiende como una percepción formada por vivencias acumuladas en el devenir de una comunidad y que es transmitido inconscientemente de generación en generación, o en un grupo afín. Por lo anterior, no es posible de manipular o cambiar por medios físicos o construcciones culturales humanas. Es un conocimiento mucho más profundo, que dice relación con la supervivencia y naturaleza del hombre, y que da cuenta de aquellos atributos derivados de la larga evolución del ser humano, como son, la solidaridad, el altruismo y la justicia. Desde esa perspectiva se podría intentar buscar una explicación a la ofensiva comunicativa “anti Gobierno Militar” que, una vez más, estamos próximos a experimentar.
Recientemente se publicó la encuesta del Centro de Estudios Públicos de julio de 2014, en donde, como ha sucedido invariablemente en las últimas décadas, Carabineros, las Fuerzas Armadas y la Policía de Investigaciones, ocupan los primeros lugares de las Instituciones que merecen la mayor confianza ciudadana.
Curiosamente son las mismas Instituciones que actuaron el año 1973, por más que se les intente desperfilar y separarlas de “los que apoyaron al Gobierno Militar” y “los que están actualmente en servicio activo”.
Pretender separar o hacer una diferencia entre “los que estaban antes y los que están ahora” es intentar manipular un inconsciente colectivo que tiene más de 200 años, al menos en el Ejército y la Armada. Por su parte, tanto Carabineros, la Fuerza Aérea como la Policía de Investigaciones, son instituciones que fueron formadas a partir del Ejército y la Armada por lo que comparten su antigüedad en términos del inconsciente colectivo.
Expuesto ya el resultado de la encuesta CEP, en donde quienes serán atacados mantienen nuevamente el mejor índice de confianza ciudadana, cabe preguntarse ¿qué es lo que les molesta del Gobierno Militar?
La respuesta más probable está en el mecanismo del inconsciente: a ellos les molesta que las FFAA y de Orden merezcan la mayor confianza ante la ciudadanía, muy superior a las instituciones “cultas y letradas”, y les molesta además, que las FFAA y de Orden hicieron en 1973 lo que otros grupos, en este caso el estamento político, fueron incapaces de hacer.
Para quienes fracasaron en la conducción política del país eso es inaceptable, pero la ciudadanía, que experimentó directamente los acontecimientos de la época, en su inconsciente sabe que lo que hicieron las FFAA y de Orden era exactamente lo que había que hacer, con todas las consecuencias derivadas del clima de violencia imperante en ese tiempo.
Esto ya es parte del inconsciente colectivo nacional, e independiente de lo que se cuente, se escriba o se muestre a las generaciones presentes, el juicio ya está hecho, y la experiencia vivida por los adultos de la época también es parte del inconsciente de las generaciones posteriores que no la vivieron: “Lo que se dice, no es necesariamente lo que se siente o se piensa”.
 Ahora, curiosamente, y siempre en el ámbito del inconsciente, tanto la rabia, el resentimiento y el ataque persistente denotan fuerza y resistencia, pero al mismo tiempo desgastan y debilitan. Quizás en ese ataque tenaz y continuo a las FFAA y de Orden, y en la parcialidad en la aplicación de la justicia de la que muchos de sus miembros en retiro hoy son objeto, está la explicación a la indolencia ciudadana a la participación política.
Por algo es que en la encuesta CEP ya mencionada, tanto los partidos políticos como el estamento judicial ocupan los últimos lugares en la confianza de los chilenos: ellos están absolutamente debilitados y desprestigiados porque ante la sociedad, no han cumplido, ni cumplen con su deber.
La parte consciente de la psique humana se concentra en el presente y eventualmente, en el futuro, mientras que la parte inconsciente se centra en el pasado, no sólo inmediato y propio, sino que también en el colectivo, que tiene millones de años de existencia.
Pretender, desde lo consciente, desconocer u olvidar el pasado, es enfrentarse a un legado poderoso que no es posible borrar o eliminar como es el inconsciente.
Desde esa perspectiva, es posible entender la contumaz postura de algunos grupos y personas, de analizar la historia reciente a partir de los acontecimientos del 11 de septiembre de 1973, haciendo caso omiso de todos los hechos ocurridos con anterioridad. Es la explicación humana a encontrar la culpa en el Otro, atacándolo permanentemente, intentando con ello ocultar las malas acciones, omisiones o faltas propias.
“Miremos desde el 11 de septiembre de 1973 en adelante, porque lo que pasó antes no lo quiero ver, ya que Yo soy responsable y culpable de ello”. Pero el “que no quiero ver” está, lo estará siempre y seguirá molestando mientras no se reconozca, como también se hace con la tarea efectuada por el Gobierno Militar: “Ellos hicieron lo que mi grupo político no hizo o no fue capaz de hacer, y por ello debo atacar y desprestigiar su obra”.
Ambos hechos, la labor del Gobierno de las FFAA y de Orden y el no reconocimiento de la situación de violencia que vivía el país, están en el inconsciente colectivo nacional. Eso no se puede cambiar, ni va a cambiar por declaraciones ni escritos provenientes de los medios de comunicación.
La realidad nacional que se muestra es otra, y está claramente reflejada en la encuesta CEP, lo que nos permite evidenciar la compleja relación entre el consciente e inconsciente del ser humano.
Luego, es posible inferir que reconociendo, o al menos dejando de atacar al Gobierno Militar, y administrando justicia a los miembros de las FFAA y de Orden en forma imparcial, la confianza ciudadana en los partidos políticos y en los tribunales de justicia, podría aumentar en el mediano plazo.
De no ser así, quienes se ubican en los lugares más bajos en términos de la confianza ciudadana continuarán enfrentándose a un adversario que es inmune a sus embates, como es el inconsciente colectivo nacional, con el agravante que además de desgastarse y debilitarse, incrementará su desprestigio ante la sociedad.
Por el contrario, las FFAA y de Orden, como Instituciones asociadas por la ciudadanía con el Gobierno Militar, seguirán siendo positivamente valoradas.
Lo expresado anteriormente no significa que se deba observar pasivamente los embates de los medios de comunicación en contra de la labor del Gobierno Militar de las FFAA y de Orden, o que se olvide a quienes se encuentran detenidos sin haber recibido un debido proceso legal.
Pareciera ser que el camino no es el del enfrentamiento ni la respuesta a posturas que, se sabe, obedecen a un deseo de justificar las falencias o fallas de un grupo, en este caso el estamento político, culpando a otros.
En la medida que se responde a un ataque, se está reconociendo la existencia del atacante, y en este caso es posible ignorarlo: apagar el televisor, no leer los diarios o no reaccionar ante el ataque.
En términos del inconsciente colectivo nacional, es una posición histórica obtenida, no buscada, por las FFAA y de Orden, y el esfuerzo a desplegar debe ir en acciones tendientes a promover la tranquilidad y progreso a nuestra sociedad, y en particular haciendo presente, en cuanto foro sea posible, la pérdida del estado de Derecho en nuestro país.
En el contexto anterior, como miembros de las FFAA y de Orden en retiro, nos cabe la gran responsabilidad de buscar la unión de las todas las Instituciones nacionales de personal retirado que tienen origen e intereses afines a los propios.
En un ámbito más amplio, y con la concurrencia de todo chileno preocupado por el futuro de su descendencia, por nuestra formación militar, la comunión de doctrina y el espíritu de servicio y sacrificio en el cual fuimos formados, nos permite (y quizás nos obliga) acudir a apoyar a quienes no se sienten representados, participando en nuevos referentes para organizaciones y ciudadanos que sólo desean lo mejor para el futuro de Chile, alejados de doctrinas foráneas o intereses transnacionales.
Sabemos que contamos con el apoyo de una mayoría silenciosa de chilenos que sólo aspiran al orden, tranquilidad y progreso de la Patria. Allí están: sólo esperan a buenos líderes.
Frente a los ataques y diatribas cargadas de odio y resentimiento que se emitirán en los próximos días cercanos al 11 de septiembre, recordemos que quienes atacan es porque la evidencia y la realidad les son molestas, y que en ese empeño se desgastan y se debilitan, mientras que los atacados se fortalecen.
Concentremos nuestra energía en donde vale la pena, y no en rechazar ataques que reflejan culpa y frustración. El juicio de la ciudadanía ya está hecho: el 11 de septiembre de 1973 y la labor del Gobierno Militar, constituyen un acto fundacional del Chile del siglo XXI y es parte del inconsciente colectivo nacional.

viernes, 18 de julio de 2014

Mujer estrella

Me pronuncio por la vida. Creo que nuestro cuerpo no nos pertenece y que no podemos hacer lo que se nos antoje con el. Pienso que en nuestra ínfima presencia en el Universo, somos parte de un solo sistema que une a toda la creación. Por lo anterior y ante la reciente discusión sobre la legalización del aborto, escribí estas reflexiones.

                         Mujer estrella. Reflexiones en torno a una mujer embarazada
Un embarazo es el resultado concreto de la participación de un hombre y una mujer en la creación. Acoger y querer a la criatura gestada es respetar, aceptar y asumir la misión creadora del ser humano y su indiscutible pertenencia al universo.
Hablar de un embarazo “no deseado” conlleva implícitamente la idea que la mujer puede “embarazarse” conforme a su propio deseo o voluntad, lo que no es así. Esa idea es propia de una mirada antropocéntrica de la concepción de un ser humano y no dar cabida a la posibilidad de aceptar que la gestación de una criatura podría obedecer a designios que van más allá de la voluntad del hombre. En el contexto anterior y con una mirada más amplia, en la gestación de una criatura, el hombre y la mujer participan en la creación del universo y ese Ser constituye su trascendencia en la vida, pero no les pertenece, dada su calidad de ser individual y único.
En toda relación sexual consentida está presente, en forma inconsciente, la intención de la concepción de un ser humano. Por ello, más que un embarazo “no deseado” quizás se debería hablar de un embarazo “inesperado”, que cambia significativamente la mirada frente al ser alojado en el  vientre materno.
Una mujer embarazada, sea quien sea, en la condición que sea y cualquiera haya sido la situación que inició la gestación de esa criatura, es una evidencia de la contribución del hombre en la creación universal. Por ello es que resulta impropio hablar de madres “solteras” o agregar otros adjetivos que especifiquen una condición adicional a la de ser madre. La palabra Madre, con mayúscula, encierra por sí sola la condición única y suficiente para inspirar y demandar el respeto y consideración de toda la Comunidad, ya que todos provenimos de una mujer a quien nunca le preguntamos si tenía algo adicional a su condición de Madre. Era sólo eso: Madre. Y sólo por eso, y por acogernos en su seno y darnos la vida, le debemos todo.  
Lo anterior en nada cambia si esa Madre no nos pudo cuidar durante la infancia. No nos corresponde preguntar ni menos juzgar. Nos debe bastar con saber que nos dio la vida y nos inició en el amor, y sólo por ello la debemos honrar junto a quien fue nuestro padre, que aportó el simiente inicial de nuestra vida. 
Una mujer embarazada es una “mujer estrella”. Estrella porque lleva en su seno un nuevo integrante del universo que en el caso de los chilenos, está simbolizado en nuestra bandera. Esa criatura nos pertenece a todos y por ello debemos cuidarla. Representa nuestra trascendencia como Nación y es nuestro futuro.